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Capítulo I: De cómo la Violencia de Género se convierte en Violencia Vial

Retratos de la vida real: Guerreros de las dos ruedas

Capítulo I: De cómo la Violencia de Género se convierte en Violencia Vial

Por: Ramón Pendones de Pedro, Tesorero de ACONVIVIR

 

Ana Lorena es una mujer trabajadora. Ella es madre de tres hijos y abuela de dos nietos y al igual que muchas féminas que conforman gran parte de la población laboral de nuestro país, también le toca ser cabeza de familia.

Lorena tiene cuarenta nueve años de edad y hace rato –doce años para ser precisos- tomó la decisión de utilizar la bicicleta como medio de transporte y así  se desplaza a sus múltiples lugares de trabajo.

Ella es una persona que se ha caracterizado por su valentía, sensatez y consistencia a la hora de tomar decisiones.  Anteriormente nuestra guerrera de las dos ruedas, trabajó como secretaria, de recepcionista, de cajera y hasta de asistente financiera. Aunque aquellos trabajos podían proveer una mejor remuneración económica y proporcionar más status  ante familiares y ante la sociedad, Lorena decidió laborar en servicios de limpieza porque así tenía mayor flexibilidad y tiempo disponible para dedicarse a acompañar a sus hijos en la etapa de crecimiento y formación académica.  Ya los dos mayores son adultos y el menor está terminando la secundaria.

Ella nos cuenta que le encanta su actual trabajo: “…disfruto mucho mi labores; servir y dejar las cosas limpias y ordenadas como debe ser…”. También nos cuenta lo que le gusta utilizar la bicicleta como medio de transporte porque  además de llegar en forma más expedita a donde requieran de sus servicios, hace ejercicio al aire libre, recibe los rayos de sol, a veces también la lluvia, viaja de día y de noche y se libera sus angustias diarias.

A pesar de sus obligaciones y dificultades para cubrirlas, Ana Lorena es una persona feliz y gran activista en la reivindicación del uso de la bicicleta como medio de transporte efectivo y real. A Lorena es usual encontrarla participando alegremente de cuanta “cleteada” se organice en San José y sus alrededores; porque ella cree y practica una movilidad sostenible que no siempre es bien recibida por los otros usuarios de nuestras vías públicas.

Sin embargo, no todo es como andar en bicicleta para esta corajuda “cletera”, ya que como muchas otras mujeres en Costa Rica, una relación afectiva concluyó en una inesperada relación de violencia de género.

En el 2005 mantuvo una amistad especial con Arles, un chofer de bus que trabajaba en las rutas del este de nuestra capital, no obstante esta relación llegó a su fin ese mismo año para convertirse, en el 2006, en una relación de agresión por parte de Arles.  Para entonces, su -alguna vez- amigo empezó a “echarle el bus encima” cada vez que la veía transitando en su bicicleta, ya que Lorena es vecina de San Rafael de Montes de Oca y frecuenta las mismas calles que la mayoría de los buses que dan servicio a dicha zona de San José.

Desgraciadamente, la infame situación se ha mantenido desde entonces. En el 2010 hubo otro intento de atropello por parte de Arles hacia la esforzada Lorena. Y aunque hubo testigos de la agresión del chofer, su denuncia no prosperó ante las autoridades.

Más recientemente volvió a darse otro percance, pero esta vez con consecuencias mucho más serias e imperdonables.  El 23 de setiembre del año pasado, Arles -por fin- logró atropellarla intencionalmente.

Este “accidente” le trajo muchas y muy malas secuelas a Lorena: quebradura del codo izquierdo y dedo de la mano del mismo lado, pérdida de cabello por estrés y  depresión, además de graves consecuencias económicas al estar incapacitada durante cinco meses por lo cual también perdió el trabajo en cuatro lugares donde prestaba sus servicios.  Situación que hizo a sus hijos abandonar temporalmente sus estudios para poder ayudar económicamente al hogar que comparten.

Adicionalmente su bicicleta también sufrió varios desperfectos que evidencian la alevosía y agresividad con la que actuó Arles.

Ante estas circunstancias, Lorena fue a hablar con los personeros de la empresa de buses donde trabaja su examigo, sin embargo no pasó a más ya que Arles, como es usual, descargó toda su defensa esgrimiendo argumentos machistas y minimizando las acciones como simples trifulcas típicas de una relación afectiva que termina mal.  Y como es usual en nuestra sociedad patriarcal, los directores de la empresa le creyeron su versión en contra de todas las pruebas y testigos presentados por la mujer agredida.

La realidad es que el agresor sigue laborando para la empresa de buses y nuestra amazona de las calles, acaba de terminar su incapacidad con una disminución muy importante en sus facultades motoras, específicamente la extensión de su brazo izquierdo el cual no logra que se estire completamente lo que le conlleva cansancio y dolores a la hora de ejercer su oficio tan físicamente demandante.

Pero para justicias el tiempo, dice el refrán y como Lorena es una mujer que no se amedrenta fácilmente, volvió a interponer una denuncia ante las autoridades con la diferencia que esta vez sí prosperó y fue acogida, en principio, como agresión con arma.

Ayer Lorena nos llamó nuevamente para comunicarnos que ya la Fiscalía procedió a darle curso a su denuncia vía penal, pero como lesiones graves.

Esperemos que este caso sea llevado hasta las últimas consecuencias por nuestros tribunales y que de una vez por todas paremos en seco a esta ignominia de la Violencia de Género que, en este caso particular, se transmutó en Violencia Vial.

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